lunes, 1 de noviembre de 2010

Rayuela. Cortázar

"Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja."


domingo, 31 de octubre de 2010

Ast, Te Echo de Menos......

:)

lunes, 25 de octubre de 2010

William Blake

Oh, rosa, ¡estás enferma!

El gusano invisible

que vuela por la noche

cuando ruge la tormenta

ha descubierto tu cama

de regocijo carmesí:

y su secreto amor oscuro

destruye tu vida.

viernes, 15 de octubre de 2010

Otra parte de mí perdida entre los raíles del tren...

Nunca olvidaré aquella inusual fría mañana de Junio. Escuché su gemido en el mismo instante en que el tren comenzaba a alejarse de la estación, ese tren que se marchaba con todos mis sueños y lo único que realmente me ha importado en estos últimos años. Dejaba la estación junto con cientos de promesas que nunca llegarían a cumplirse y los pedazos de un corazón esparcidos por las vías. A veces vuelvo a aquél andén y espero allí sentada viendo reencuentros de enamorados, abrazos amistosos y miradas felices llenas de recuerdos. Y maldigo aquél tren que hizo que olvidaras lo que quizá hubiera sido nuestro destino, el que devolvió mis pies a la Tierra y me hizo caer en ese abismo llamado Realidad. El mismo que me hizo comprender que, una vez lejos de esta triste ciudad, yo ya no existía, que todo había sido un sueño pasajero que al tiempo olvidas que tuviste. Y la caída fue casi tan dura como el instante en que comprendí que nunca volvería a ver tus ojos recorrer la ciudad que nos acogió durante esos meses que más que inviernos parecían primaveras.

¿Cuántas veces tienes que empezar de cero para encontrar tu lugar en el mundo?

¿Cuántas ciudades tienes que sentir para hacer de alguna tu hogar?

¿Cuánto tienes que desear un final para que la luz se apague?

¿Cuánto tienes que correr para huir y dejar atrás cuanto te hace daño?

Sólo cuando seas consciente de que no hay distancia posible que te haga escapar de un recuerdo empezarás a vivir.

lunes, 11 de octubre de 2010

“I don’t want to be in the band anymore
I have some pleasures and that was it
I was happy
I never meant for it to grow like this
When I am up there singing
They don’t understand how much I give and how affects me
Now they want more they expect me to give more
But I don’t know if I can
It’s like it’s not happening to me
But someone pretending to be me
Someone dressed in my skin
Now we’re going to America
I’ve no control anymore
I don’t know what to do
I was pissed”

Ian Curtis

lunes, 27 de septiembre de 2010

La Leyenda del Buscador

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador. Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.


Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada, con una portezuela de bronce que lo invitaba a entrar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos vagaran y, quizá porque eran los ojos de un buscador, descubrió, sobre una de las piedras, una inscripción: "Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días". Era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla: "Lamar Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas". El buscador se sintió terriblemente conmocionado. Este hermoso lugar era un cementerio, y cada piedra una lápida.

Con espanto, comprobó que el que más tiempo había vivido apenas sobrepasaba los 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio le preguntó si lloraba por algún familiar.

- No. – dijo el buscador - ¿Qué pasa con este pueblo? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente?

El anciano sonrió y dijo:

-Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta para colgársela del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda que fue lo disfrutado… a la derecha, cuánto tiempo duró ese gozo. ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró? ¿El minuto y medio del beso? ¿Dos días? ¿Una semana? ¿Y el casamiento de los amigos? ¿Y el viaje más deseado? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones? Así vamos anotando en la libreta cada momento. Cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.

[ Jorge Bucay ]